Quién puede usar propiedad intelectual de FIFA y qué hacer si tu no puedes

Estamos en la temporada de Mundial y es una ocasión buena para usarlo en su estrategia de comunicación como ya hemos hablado en nuestro post de la semana pasada. Pero cuidado, por usar la imagen corporativa de FIFA y Mundial de Rusia 2018 tu negocio puede tener problemas. FIFA cuida mucho y proteja su propiedad intelectual, por eso hay que tener mucho cuidado a la hora de usar algo que pertenece a FIFA.

Para empezar vamos a descubrir que es la propiedad intelectual de FIFA.

FIFA protege no solo las propiedades intelectuales de la organización sino también la de las marcas relacionadas (COPA MUNDIAL, COPA 2018). El objeto de su protección son logotipos, todos tipos de diseños usadas por ellos y realizadas para las marcas (de símbolos y emblemas a mascotas), lemas, slogans, tipografías, los materiales de fotografía y vídeo protegidos por la marca.

¿Hay empresas que pueden usar este tipo de material? Sí, hay dos tipos de empresas que pueden usarlo: socios de FIFA (por ejemplo Adidas, Coca-Cola, Gazprom) patrocinadores de FIFA (por ejemplo Bud y MacDonald’s).

Pero seguramente que vuestra empresa no es ni Coca-cola ni MacDonald’s, pero eso no significa que no podéis usar el Mundial para promover a su negocio.

  1. Buscar otros imágenes

Si vosotros hacéis publicidad para promover a su negocio y usáis el logo de FIFA – si que violas su política de protección de las propiedades intelectuales. Pero si usas las imágenes de pelota de fútbol, campo de fútbol o bandera de Rusia en el caso del Mundial 2018 – no hay ningún problema.

  1. Seguir las tendencias

En el caso de Mundial más importante que nada es seguir las tendencias, las historias divertidas, las ganancias y pérdidas – todo que hace el Mundial interesante  – y usar estas tendencias para el bien del tú negocio. Es gratuito y efectivo.

Estamos en temporada de Mundial y es una ocasión buena para usarlo en su estrategia de comunicación tal y como hablamos en nuestro post de la semana pasada. Pero cuidado, por usar la imagen corporativa de la FIFA y del Mundial de Rusia 2018 tu negocio puede tener problemas. FIFA cuida y protege mucho su propiedad intelectual, por eso hay que tener cuidado a la hora de usar algo que pertenece a FIFA.

Para empezar vamos a descubrir qué es la propiedad intelectual de FIFA.

FIFA protege no sólo las propiedades intelectuales de la organización sino también las de las marcas relacionadas (COPA MUNDIAL, COPA 2018). El objeto de su protección son los logotipos y   diseños usados por ellos y realizadas para las marcas (de símbolos y emblemas a mascotas), lemas, eslóganes, tipografías, materiales de fotografía y vídeo protegidos por la marca.

¿Hay empresas que pueden usar este tipo de material? Sí, hay dos tipos de empresas que pueden usarlo: socios (por ejemplo Adidas, Coca-Cola, Gazprom) y patrocinadores de la FIFA (por ejemplo Bud y McDonald’s).

Seguramente vuestra empresa no sea ni Coca-Cola ni McDonald’s, pero eso no significa que no podéis usar el Mundial para promover su negocio.

  1. Buscar otros imágenes

Si hacéis publicidad para promover vuestro negocio y usáis el logo de la FIFA, sí que violas su política de protección de las propiedades intelectuales; pero si usas imágenes como el balón o el campo de fútbol, o la bandera de Rusia en el caso del Mundial 2018, no hay ningún problema.

  1. Seguir el trend

En el caso del Mundial lo más importante es seguir las tendencias, las historias divertidas, las victorias y derrotas – todo lo que hace el Mundial interesante  – y usar estas tendencias para el bien del tu negocio. Es gratuito y efectivo.

Copyrigth versus copyleft. Mar de fondo

Llum Quiñonero
Directora de Comunicación en Símbolo Ingenio Creativo

Propiedad Intelectual from agoranews on Vimeo.

Licencias libres, derechos de autor, patentes, dominio público, licencias software libre, copyright versus copyleft, un cajón de sastre, que se refiere a asuntos muy dispares bajo un paraguas común que cuestiona o defiende la denominada propiedad intelectual. ¿Qué es lo que se debate de fondo? Enmarcados en un nuevo contexto, los viejos corsés, la protección monopolística pierden sentido, restando espacios para la generación de innovación; el modelo de negocio que funciona en este nuevo contexto, afirma David de Ugarte, es el modelo en dominio público.

Conviene que nos acerquemos a la transformación a la que asistimos, guiada por nuevas fuerzas y nuevos usos que se hacen lugar ante viejos privilegios.

El ímpetu de este movimiento que crece contra lo que se ha llamado propiedad intelectual viene de la mano de programadores y hackers que han encabezado el desarrollo y la defensa del software libre, como Richard Stallman fundador de este movimiento. Según el proyecto GNU:

La forma más simple de hacer que un programa sea libre es ponerlo en el dominio público, sin derechos reservados. Esto le permite compartir el programa y sus mejoras a la gente, si así lo desean. Pero le permite a gente no cooperativa convertir el programa en software privativo. Ellos pueden hacer cambios, muchos o pocos, y distribuir el resultado como un producto privativo. Las personas que reciben el programa con esas modificaciones no tienen la libertad que el autor original les dio; el intermediario se las ha quitado. En el proyecto GNU, nuestro objetivo es el dar a todo usuario la libertad de redistribuir y cambiar software GNU. Si los intermediarios pudieran quitar esa libertad, nosotros tendríamos muchos usuarios, pero esos usuarios no tendrían libertad. Así en vez de poner software GNU en el dominio público, nosotros lo protegemos con Copyleft. Copyleft dice que cualquiera que redistribuye el software, con o sin cambios, debe dar la libertad de copiarlo y modificarlo más. Copyleft garantiza que cada usuario tiene libertad.

Internet, que ha entrado en nuestra vida modificando de cuajo nuestra manera de relacionarnos, ha puesto en cuestión viejos principios y viejas formas de negocio y ha arrasado con los contextos y los viejos mapas; las nuevas formas de entender el mundo que viene, que gana terreno.

En España, la discusión entorno a la llamada Ley Sinde alcanzó proporciones gigantes y la pugna continúa. El debate abierto enfrenta a quienes en nombre de la defensa de la cultura y de los creadores defienden el régimen de la propiedad intelectual y a quienes ponen la mirada en los consumidores y en la poderosa energía, motivación e innovación que se derivan del acceso libre al conocimiento. Pero la realidad va más allá; quienes reclaman el dominio público lo hacen no sólo para las creaciones artísticas, sino también para las patentes industriales; reclaman su extensión para la creación intelectual, la artística y también para la industrial; la farmacéutica, sin ir más lejos.

Quienes defienden el dominio público lo hacen en nombre del procomún. Las ideas —afirman— pertenecen al dominio público y no deberían estar sometidas bajo ningún monopolio, que privatiza y explota lo que es patrimonio de todos. Algo más grande que nosotros mismos está cambiando, no basta con una oposición desde la cátedra, desde la columna del diario, ni siquiera desde las mismas y grandes empresas que suelen ser las beneficiadas; no se trata de un debate ideológico sino de una lucha real en la red que gana territorios, mientras vence resistencias, atraviesa fronteras y genera nuevas formas de relación. Está por determinar la duración del enfrentamiento y su resultado.

Imagino las razones que asistían a aquellas cigarreras que a primeros de siglo salieron a la calle a protestar en Sevilla o en Alicante, sin ir más lejos, y se negaron mientras pudieron a la instalación de maquinaria en las fábricas de tabaco; veían en aquellos artefactos a sus más peligrosos competidores. Era el encontronazo del desarrollo industrial frente a la manufactura; comenzaba la era de la masificación del consumo y las máquinas y el capitalismo que las asistía de energía y proyectos entró de lleno, desarrollándose en una sociedad de masas durante todo el siglo XX. Eso sí, las nuevas propuestas de la industrialización debieron negociar las condiciones, ralentizar su aplicación, establecer tiempos y mejoras para las personas que, poco a poco, aceptaron ponerse al frente de aquellas máquinas y ver cómo sustituían el trabajo manual de cientos, de miles de mujeres y de hombres. Las empresas primaban sus beneficios, pero el sistema tuvo también que garantizar mejoras sociales y laborales. Sobre esa base se construyó el estado del bienestar que ahora se ve de nuevo cuestionado.

Estamos en pleno proceso de transformación, igual que lo estuvieron ellas hace más de un siglo; una sociedad capitalista, sin alternativas sistémicas, se abre paso entre las resistencias del viejo capitalismo y de sus normas. Los defensores de la redes distribuídas, la propia ética hacker, defiende el conocimiento libre en red, cuestiona la apropiación de la cultura y del conocimiento en manos de algunas inmensas empresas y sistemas de control de lo que denominan propiedad intelectual.

Según afirma Wu Ming, en su texto Copyrigth y maremoto:

La potencia del copyleft —licencia libre— deriva de ser una innovación jurídica que surge desde abajo, que supera la simple piratería y pone el acento en la ‘pars construens’ del movimiento real. En la práctica, en todos los rincones del globo se le está dando la vuelta a la intención original de las leyes vigentes sobre el copyright (que se fijaron durante la Convención de Berna de 1971, es decir, en el Pleistoceno), a fin de que en lugar de obstaculizar la libre circulación, se vuelva garantía de que sea eso precisamente lo que suceda.

Es una lucha de titanes que se libra en el mismo corazón del poder económico. ¿Hacia dónde caminamos? Por lo pronto tratemos de discernir el nuevo contexto.