Periodismo Real Ya

Fernando Fuentes
Periodista

www.ffuentes.com

Durante la presentación de un libro en la Fnac – la publicidad para un foro que se preocupa de lo cultural es aquí justa y necesaria –, en la apasionada e interesante tertulia celebrada posteriormente, entre ponentes y público, saltó a la palestra un tema que desde hace tiempo viene ocupando, y casi más preocupando, al que firma y que no es otro que la dudosa necesariedad de que se plantee urgentemente la gestación de un nuevo periodismo apoyado precisamente en la desaparición del mismo… así de crudo y de directo a la mandíbula, vaya.

Todo esto viene a cuento porque en el periodismo cultural – especialmente el que se dedica al ocio y más concretamente al musical – hace tiempo que la irrupción de la blogosfera, donde residen los bloguistas – léase de los activadores y escribientes de blog –, y las redes sociales digitales – sobre todo Facebook y Twitter – están poniendo en tela de juicio, desde algunos espacios de expresión emergente y juvenil, la pertinencia de que sigan sobreviviendo medios de información – considerados como clásicos y caducos – y de que sigan actuando como impostados intermediarios entre los periodistas – y las empresas de comunicación para las que trabajan y las pagan – y el resto de los mortales.

Conviene que se sepa que soy feisbukero practicante; dirijo los contenidos de varios blogs y a la vez me mal gano la vida escribiendo sobre aconteceres musicales y de índole cultural en revistas impresas, digitales, e-zines y webs, etc. Mi opinión sobre estas nuevas ágoras comunicacionales – en las que algunos creen encontrar el futuro inmediato del neo periodismo – si me lo permiten y ya verán por qué, la resolveremos unas líneas más adelante.

Durante la eclosión, esplendor y consolidación del 15-m – me niego a hablar de ello como fenómeno ya que lo considero una maravillosa realidad tangible y madura – el papel de los medios de comunicación ante tal bravo asunto es la mejor muestra de que se puede hacer un periodismo bastante más digno y, por lo tanto, mejor. La sucia manipulación – dirigida por los de siempre – del acontecer social más importante surgido en este país desde que yo recuerdo ha puesto otra vez en el disparadero la profesión periodística y nos vuelve a colocar en las más bajas consideraciones laborales y sociales.

15-M
Spanish Revolution, Anónimo, Voces con Futura, 2011.

Tanto estoy de acuerdo en que no es de recibo el trato que muchos medios han procurado a la revuelta popular, como en que no se puede meter en el mismo burdo saco a todos los profesionales de la información que se han acercado a contar al mundo lo que ocurría en la Puerta del Sol – fantástico – o sucedía en las inmediaciones de las Cortes Catalanas – fatal –.

Como dice Lluís Bassets – responsable de opinión de El País – miles de indignados, “quieren elecciones sin urnas, democracia sin representantes, huelgas sin sindicatos y periodismo sin periodistas”. No hay que ser una lumbrera para ver que aquí lo que subyace es una querencia exigente a la eliminación de los intermediarios, esos mismos que durante demasiados años se han estado aprovechando de que todo el flujo democrático, laboral e informativo tuviera que pasar forzosamente por unas manos – las suyas – no siempre limpias y dispuestas sólo a servir de justo filtro ante lo que hubiese debido de fluir como agua entre sus dedos.

Los mismos que piden a gritos en las calles una nueva democracia – en la que tener más presencia, relevancia y decisión – también exigen un “Periodismo Real Ya” que se mantenga ajeno a intereses empresariales, que sólo sirva a la verdad y en el que cualquiera pueda convertirse en todo momento en un medio de información andante solamente armado de un perfil en Facebook, sirviéndose del anonimato en un foro o colgando un tweet desde su móvil.

15-M
Somos más, Anónimo, Voces con Futura, 2011 (izq) y Ctrl+C Ctrl+V #spanishrevolution, Anónimos, Voces con Futura, 2011 (dcha).

Es aquí cuando me atrevo a volver al comienzo del artículo, precisamente en ese punto en el que me preguntan por mi opinión acerca de lo que nos ocupa. Mi respuesta, ahora sí, es la misma para los lectores de peroratas relacionadas con la música de vanguardia y aledaños que para esos indignados – yo también lo soy – que nos quieren borrar de la faz de la tierra para dar paso a un estadio informativo sin lideres de opinión, sin periódicos, sin articulistas, sin libre pensamiento, sin periodistas y, en definitiva, sin periodismo.

No nos confundamos, sufrir de sobredosis informativa no es igual a estar bien informados. La cantidad no suele producir calidad y aquí todavía menos. Y además, ¿cuándo fue que olvidamos para siempre la importancia de la credibilidad en la información? ¿Quién se encargará desde el rigor vocacional de investigar, corroborar, consultar a las fuentes, redactar y firmar con nombres y apellidos una información veraz, limpia y de necesario servicio público? ¿Algún indignado se pregunta quiénes están realmente detrás de las ahora divinizadas redes sociales? ¿No serán también parte activa de ese sistema que demonizan?

Bien, hagamos una cosa, al igual que demandamos una nueva tipología de relación entre ciudadanos y gobernantes exijámosla también entre los periodistas y sus lectores, escuchantes o videntes. Entre todos podemos recuperar, y refrescar, los valores de una bellísima y necesaria profesión llamada periodismo desde la que tanto se ha luchado, y todavía se batalla, para que esa misma democracia – a la que ahora nos permitimos despreciar a nuestro antojo – nos permita cuestionar su pertinencia y pureza sin que nadie por ello nos pueda encerrar en un calabozo, torturarnos con aquiescencia gubernativa o llevarnos de paseo al amanecer.

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