La reciprocidad, nuevo vínculo de la comunicación

Llum Quiñonero
Directora de Comunicación en Símbolo Ingenio Creativo

Estamos asistiendo a la cristalización del mundo virtual y el físico. Si alguien lo dudaba, si alguien todavía pensaba que eso de las maquinitas era un asunto de jóvenes y frikis la realidad se ha encargado de poner de manifiesto su craso error. El mundo virtual es ya un mundo real y las redes sociales son, sin lugar a dudas el nuevo canal, múltiple de comunicación. Además el asunto que algunos calificaron como un entretenimiento de los jóvenes resultó un asunto de todos y sale a raudales por una multiplicación de fuentes traducidas en acción.

Estamos en un bucle de la historia, en una aceleración y reacción en cadena de los acontecimientos. Y cada quien somos protagonistas, emisores y receptores de contenidos. Se acabó la comunicación unidireccional, fin.

¿Qué tienen la redes sociales que prende como la pólvora? Tienen la credibilidad que le da el receptor en una comunicación franca, abierta, y transparente. Tienen que quien recibe la información ha dejado de ser un sujeto pasivo. Ahora parte, puede decir, como mínimo, un me gusta o un no me gusta; retwittear la propuesta, la invitación o animar al boicot, proponer o añadir, otra idea, otra solución, otra alternativa a la marca, a la cita, a la exposición, al gobierno, al restaurante. La reciprocidad es el nuevo vínculo de la comunicación y la inteligencia colectiva, la nueva realidad creada y recreada.

El peso de las redes sociales y de esta nueva forma de ser, de estar, de percibir, de conectarse ha cristalizado en la vida social y política de un modo transcendente entre nosotros. La spanishrevolution es la materialización más rotunda; no conoce fronteras, ni distancia, ni tiempo de viaje. Más que una movilización política, es un síntoma del cambio de paradigma, de la manera de estar en este mundo nuevo que amanece con un sistema en crisis. Puede que haya gente aún preguntándose quienes son esos que ocupan las plazas, quién hay detrás, quién paga esto, cuestiones toda ellas muy interesantes para el mundo que ya no existe. Pero inútiles para el presente que ya se ha materializado de manera generalizada.

Desde los años setenta desde las ciencias sociales y aún antes, se anunciaba esto que ahora estalla en nuestro entorno; desde la Aldea global de M Macluhan al Cyborg de Donna Haraway, pasando por la definición de la inteligencia colectiva o de la muchedumbre inteligente que ya adelantaron Pierre Levi y Howard Rheingold.

Asistimos al estallido de nuevas avenidas, nuevos caminos, nuevas máquinas que aceleran y disparan en todos los sentidos la comunicación.

Las redes sociales son más potentes, más inmediatas que las tecnologías anteriores, más que la imprenta, la radio o la televisión: Internet, y las redes sociales de una forma tácita, permiten una comunicación transversal y un aprovechamiento de la memoria y de la inteligencia colectiva.

Estamos ante el diseño de nuevos mapas para el conocimiento, un sistema inacabado que convoca la participación, la inteligencia, un espacio en continua construcción, para la vida privada pero, sobre todo, para la vida pública. Vale lo mismo para la realidad política que para la institucional o empresarial. La pregunta es ¿qué voy a hacer yo? Porque esta nueva realidad nos convoca a la acción ¿Quién puede quedar al margen?

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