Objetivo nº1: no pasar desapercibidos. El caso Gallina Blanca

Hace un par de días publicamos en Facebook este anuncio que, como decíamos, nos deja bastante perplejos.

Supongo que no somos los únicos. El anuncio en cuestión ha sido muy comentado por “lo cutre” y a raíz de la publicación en Facebook, supimos el curioso detalle de que el baile del bebé además está “inspirado” en una escena de “La Máscara 2”, un “homenaje” que la mayoría del público no entenderá, tratándose de una película tan poco memorable. Los ingredientes “cutres” no terminan, teniendo en cuenta que la melodía de la cancioncita del niño es el sí memorable hit de Jesulín “Toda, toda, toda”.
Pues lo dicho, a todos nos da más o menos grima el susodicho bebé y la mayoría hemos pensado en algún momento “¿a qué lumbrera se le habrá ocurrido esto?”. Sin embargo, un comentario de José Alberto Gregorio en la publicación nos llevaba a buscar otra perspectiva.


“Ese toque cutre” está superestudiado. Entre los millones de anuncios de sopas que hemos visto, estamos hablando de este…y eso no tiene precio, o mejor dicho, sí que lo tiene y es muy alto.

Desde luego. Es difícil entender, a veces, que las marcas quieran generar ciertos comentarios negativos por el efecto que pueda ejercer sobre su imagen o reputación, pero sin duda, este tipo de anuncios, ya sea por cutre o por polémico, se comentan, se comparten, se difunden. Y el resultado no se mide en términos de imagen positiva, sino de recuerdo. Sopas Gallina Blanca (se cuidan de introducir la marca en la canción) se mete de lleno en nuestra “short list” de marcas de sopa. Es decir, si nos preguntan marcas de sopa, Gallina Blanca ha ganado muchos puntos para estar entre las respuestas, Esta “Short list” y la acción de compra están íntimamente relacionadas. Por tanto, quizá Gallína Blanca con este anuncio tan sumamente cutre, haya conseguido su objetivo.

Es una estrategia similar a la que puede emplear Dolce&Gabana o Benetton, por nombrar campañas polémicas conocidas. Puede que no se hable bien de ellas, pero se habla… y por tanto, se recuerda. El objetivo es no pasar desapercibidos. ¿Qué opináis? ¿El impacto generado compensa lo negativo de las reacciones? ¿Hasta qué punto es efectiva esta estrategia?

Que hablen de uno es espantoso. Pero hay algo peor: que no hablen – Oscar Wilde

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